A CASI UN AÑO DEL TERREMOTO

viernes, 1 de agosto de 2008


PANES, PANES Y MÁS PANES “El que da el verdadero pan del cielo es mi Padre. El pan de Dios es el baja del cielo y da vida al mundo. –Señor- le pidieron-,danos siempre ese pan. -Yo soy el pan de vida-declaró Jesús-. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed”. (Juan 6: 32-35)

Se nos ocurrió en casa luego de ver las imágenes en la televisión de la gente que no tenía que comer. Si nos organizábamos bien, podíamos preparar mil raciones de alimentos. Mi esposo lo anunció a la iglesia, él viajaría a la zona afectada por el terremoto llevando la ayuda solidaria que habíamos logrado recolectar, pero además queríamos llevar mil desayunos. Había mucha gente que no probaba alimento desde el día del terremoto. Logramos juntar el dinero y se mandaron a hacer mil bizcochos, se compraron mil panes, mil tajadas de queso y la misma cantidad de cajitas de leche y jugo. Y allí empezó nuestro trabajo. Un equipo de diez personas entre las que nos encontrábamos mis pequeñas hijas y yo. Panes, panes y más panes. Había que abrirlos, ponerles el queso, embolsarlos, junto a los bizcochos y la leche o el jugo. Mil quinientas raciones. Las horas se pasaban y no lográbamos terminar.

Pero nos animaba la idea de que al día siguiente un niño hambriento pudiera desayunar, un anciano desesperado pudiera tener un poco de esperanza, una madre que no había probado bocado para no quitar de la boca lo poco que tenía para sus hijos, pudiera alimentarse también… Recordé la escena de la multiplicación de los panes. Jesús oró y el pan se multiplicó y más de cinco mil personas fueron saciadas. Aún sobraron doce cestas llenas…Panes, panes y más panes… Aquella gente que comió ese pan siguió a Jesús hasta la otra orilla del lago. Querían comer otra vez. Jesús conocía las intenciones de sus corazones y les dijo:

“ Ciertamente les aseguro que ustedes me buscan, no porque han visto señales sino porque comieron pan hasta llenarse. Trabajen, pero no por la comida que es perecedera, sino por la que permanece para vida eterna, la cual les dará el Hijo del Hombre”. (Jn 6:26-27).

Me emociona pensar que Jesús les estaba dando la clave de la vida eterna mostrándose como el pan de vida, pero ellos no entendieron. Solamente pensaban en volver a comer y le respondieron:
“¿Y qué señal harás para que la veamos y te creamos? ¿Qué puedes hacer? Insistieron ellos.-Nuestro antepasados comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer”.- (Jn 6: 30-31)

¿Habían sido saciados pero querían comer otra vez? ¿Habían visto la señal y tan pronto la olvidaron? ¿Tenían ante sus ojos al pan de vida y no pudieron verlo? Jesús sólo les pedía que creyeran y no creyeron. Sucede cada día, se rechaza a Jesús a cada instante. Se busca satisfacer las necesidades temporales y se olvidan de su necesidad espiritual. Volví a pensar en la gente que recibiría los panes que con tanto amor preparábamos. Si pudiéramos llevarles además el pan de vida…si fuéremos capaces de saciar también su hambre espiritual. Jesús era el único que tenía la capacidad de hacer ambas cosas, Jesús el pan de vida. Lograron repartir los desayunos en las zonas dónde aún no había llegado el alimento.

El pastor de la localidad sigue repartiendo víveres y abrigo, pero a la vez, predica también la esperanza en una zona desvastada. Esta generación también espera una señal para creer. Sentada sobre sus escombros no percibe aún el amor de Dios que se derrama y se derrama desde el cielo cuando cualquiera de nosotros se dispone a cumplir el gran mandamiento de amar a nuestro prójimo.

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